Arquímedes Vitonás o la lucha de un sabio indígena por su pueblo
Por Darío Henao Restrepo
Temas: Revista - Edición 10, Entrevistas, Movimientos Sociales
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En la menuda figura de este hombre acostumbrado a las labores del campo, de no más de 1,50 metros de estatura, se condensa el espíritu de los 60.000 indígenas que marcharon hace algunos meses desde sus localidades hasta Cali para dirigirse al país y al mundo sobre sus derechos e intereses. El orden con el cual ingresaron a la ciudad, organizados por 10.000 guardias que apenas cargaban bastones de mando sagrados, fue una lección histórica para todo el país, pues pusieron de presente que es posible luchar por métodos no violentos, inclusive desafiando a los grupos armados, como sucedió con el rescate de Vitonás y otros lideres indígenas. La opinión pública celebró este ejemplo del movimiento indígena y muchos medios, por fin, se fijaron en esta causa y en personalidades como la de Arquímedes Vitonás.
Arquímedes tiene plena conciencia de que los pueblos indígenas están viviendo una situación muy compleja, un proceso de cambio muy acelerado. Dice que ante la pregunta ¿hacia dónde va el pueblo Nasa? se podría decir que va hacia una redefinición de la economía indígena. Sabe que su economía está basada directamente en la agricultura, pero hoy están obligados a reorientarla porque con los nuevos cambios que traen los tratados de globalización no sobrevivirán dos décadas más. Por eso el interés de estos pueblos con el TLC y la consulta que realizaron como una manera de tomar conciencia de todos los retos a los que están expuestos.
De igual manera, es muy consciente de que van hacia la transformación de los valores culturales. Hasta hace unas dos décadas, dice, se podía hablar de un cierto tipo de valores. Hoy en día, o se redefinen nuevamente o el pueblo comenzará también a menguarse en este sentido y a perder su identidad como pueblo. A nivel político, agrega, es necesario replantear una nueva política de trabajo. Una nueva política reflejada en la reorganización de nuestras comunidades, pues con los instrumentos y los medios que tienen hoy, reitera, no podrán sobrevivir otras dos décadas más. Con la sabiduría que le asiste, Vitonás no esconde que están viviendo una situación bastante complicada y a esto se suma el problema de la situación de orden público que nadie desconoce y que los indígenas colombianos sufren a diario.
Sobre lo que son y se proponen, además de su propio periplo de vida, giró esta entrevista especial para NUEVA GACETA.
¿Cómo fueron sus orígenes?
Vengo de una familia muy humilde, mi padre toda la vida ha sido jornalero. Y mi madre, una mujer muy juiciosa, criada a fuete y trabajando, como era en el tiempo antiguo. De ahí nacimos seis hijos. Mi madre falleció hace siete años pero nos quedaron sus enseñanzas. Ambos nos infundieron mucho el respeto y la capacidad de escuchar a los demás.
Entré a estudiar la primaria a los ocho años y terminé el bachillerato a los 27 con mucha dificultad. Nuestros padres se preocuparon mucho, a pesar de las dificultades económicas, por que nosotros estudiáramos. A mi me dieron hasta segundo de bachillerato y luego pude acabarlo para ingresar a la universidad. Posteriormente, ingresé a trabajar en las comunidades porque había pasado mucho tiempo por fuera de ellas. Estuve en el Putumayo sembrando arroz, en el Tolima cogiendo café. Todo esto me ayudó a visualizar un poco lo que es el mundo hacia fuera. En la casa me la pasaba desyerbando maíz, sembrando matas de fríjol y plátano. Casi nunca uno salía al pueblo. A los quince años me llevaron para Toribío, que es la cabecera municipal. Yo soy del resguardo de Tacueyó, a unos 14 kilómetros de distancia. Fue medio día caminando. Hoy está la moto o el carro y no es necesario caminar.
¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar con la comunidad?
Mi trabajo con las comunidades ha sido muy satisfactorio, ha aumentado mi experiencia y mi conocimiento, y lo hago con mucho entusiasmo. En la comunidad estamos convencidos de que estamos haciendo el camino que debemos andar, si queremos continuar sobreviviendo como pueblo y defendiendo nuestro propio territorio que hoy en día es llamado resguardo. Si queremos seguir potencializando las autoridades indígenas que son los cabildos. Si queremos continuar fortaleciendo las organizaciones comunitarias que tenemos en cada una de las veredas y no solamente en el municipio, si no en todo el norte del Cauca. Es un trabajo difícil pero que ha dado frutos…
¿Cuál ha sido el elemento importante para llevar en buenos términos estos procesos?
Uno es conjugar el conocimiento académico que se brinda en las comunidades con la práctica concreta que se hace a diario. Esto permite lograr un equilibrio para hacer el análisis y la reflexión de las cosas. Nosotros podemos trabajar todo el tiempo y eso es lo que hemos hecho, pero si no se hace un análisis estructural del trabajo que hacemos, este se vuelve infructuoso. Si uno se queda sólo en el análisis teórico sin confrontarlo con la práctica, además de que no se produce lo suficiente como para trabajar en un espacio como la universidad, se genera una duda en la comunidad. En la comunidad no podría vivir yo como académico, dando clases en la universidad o en el colegio, es necesario ir a trabajar. Debo dar ejemplo con mi trabajo, no puedo motivar a alguien a que sea minero si nunca he cogido una porra de 25 libras.
¿Qué experiencias con otros sectores de la sociedad han tenido ustedes?
Puedo contar muchas experiencias, sobre todo con las universidades, pero no con las instituciones como tales, sino con grupos de estudiantes y profesores que, independientemente de la institución, han sacado de su tiempo para ofrecernos su colaboración y su conocimiento a favor de nuestro proceso comunitario. También hemos trabajado mucho con los líderes de los barrios populares, con el objetivo de crear un mercado propio y traer la comida directamente desde el campo para ahorrar intermediarios, no tanto para captar recursos, como para construir interrelaciones. Nosotros tenemos la idea de ofrecer nuestros productos cultivados de manera orgánica en la cordillera y la idea es que los puedan consumir a muy bajo precio. También tenemos relaciones con las universidades privadas.
Hay muchas solicitudes de otros pueblos que llegan al norte del Cauca pidiendo asesoría y orientación sobre nuestro modelo comunitario. También tenemos buenas relaciones internacionales. En Toribío nos ha visitado el juez Baltasar Garzón, el profesor Enrique Dosel, y también hemos hablado con el Premio Nobel Alternativo de Economía Max-Neef y él está interesado en subir a dar unas clases de economía. En el 97 nos visitó Francisco López Segrera, de la Unesco, nos recomendó abrir este trabajo a otros espacios y nos habló de la importancia de dar a conocer nuestra experiencia.
¿Para ustedes la reivindicación de la autonomía territorial es un factor definitivo?
Así es. La causa indígena es la lucha por la autonomía territorial, no sólo la autonomía indígena, algún día tendrán que existir en este país regiones autónomas, el centralismo nos perjudica. Esta causa indígena también procura ayudar a solucionar parte del conflicto que nos atañe a todos. Actualmente si uno fuera más dramático, diría que el país tiende a quedar dividido en tres partes y eso nos preocupa. Esas tres partes son: el Gobierno nacional a través de los gobiernos locales; los grupos armados y su dominio territorial, y los pueblos indígenas que tenemos un 30 por ciento de los territorios. Lo que pasa es que no se nos ha querido reconocer y no lo hemos exigido. Esos tres poderes son muy complicados y en lugar de que se sienten tres en una mesa de negociación sería mejor que se sentaran cuatro: ¿Será que las negritudes no tienen derecho a territorio a la luz de la Ley 70? Ellas también tienen derecho a un territorio autónomo en las áreas rurales. Aún no se ha dado el debate sobre las regiones.
¿Qué opina del conflicto armado que vive Colombia?
En la medida en que uno se iguale con el otro con el mismo instrumento, con la misma estrategia, con la misma táctica de defensa, en esa medida se justifica el ataque del otro. Si tengo un arma para defenderme de otro hombre armado, ese otro tiene una clara justificación para darme a mí, porque si no es él soy yo. La mejor manera de desarmar al otro es ir poco a poco acabando con el odio y el resentimiento que se ha ido difundiendo de generación en generación.
Los que se han empeñado en esta guerra son humanos, también son personas que han hecho una opción de su lucha. Nosotros hemos preferido trabajar en la educación y la formación de la gente. Hemos trabajado en formar una estrategia de defensa en comunidad, de defensa en resistencia, y últimamente conformamos lo que hemos llamado la guardia indígena. La guerrilla pensó que estábamos armando otro grupo armado para combatirla. Nosotros lo que estábamos armando era un grupo con la misión de defender a las personas de nuestra comunidad; nosotros tenemos derecho a que nos vigilen.
Ellos tienen un bastón de mando y está refrescado con aguas de hierbas tradicionales y esto lo convierte más en un símbolo. También hemos conformado grupos de mujeres que nos ayudarán a cambiar la mentalidad de guerra.
¿Qué nos puede contar sobre la historia del actual movimiento indígena?
Nuestro trabajo tuvo un punto de partida en los años 60. Fue difícil por la época de la violencia. Alrededor de los años 70, entre asociaciones indígenas y campesinas surgió el Consejo Regional Indígena del norte del Cauca CRIC. Es una de las organizaciones que ha sido pilar fundamental para el desarrollo de todo el trabajo, en conjunto con los cabildos indígenas, que son autoridades locales. A partir de los años 70 hasta los 90 fue bastante complicado el trabajo por la situación nacional. Hubo en esa época un llamado Estatuto de Seguridad y las comunidades indígenas llegaron en un momento a tomar las armas, como lo hizo el movimiento Quintín Lame, que en sus inicios fue una autodefensa de algunos líderes indígenas de aquella época, pero que después se convirtió en un movimiento guerrillero, por la situación política que se vivía.
En los años 90 toda esa situación cambió, entramos en una nueva Constitución. Hasta el 91 en ninguna parte se hablaba de la identidad cultural. A partir del 91 comenzó a hablarse de este asunto. El movimiento indígena ha tenido que bandearse de un lado a otro en diferentes circunstancias. Creo que el trabajo que hoy se tiene es gracias a esta experiencia de lucha. Muchos de los mayores que hubiesen querido ver este proceso están muertos, otros han tenido que irse.
¿Cuentan ahora con muchos indígenas bachilleres y profesionales?
Sí, en esto hemos tenido muchos avances. En Toribío, por ejemplo, hasta hace quince años no había muchos bachilleres, en la actualidad, hay unos 140 profesionales y esperamos que esto ayude a fortalecer los procesos comunitarios.
¿Esto contribuye al trabajo de preservar la identidad cultural?
Por supuesto. Nuestro trabajo ha sido recuperar la identidad indígena y nuestro valor como pueblo. Nos tardó alrededor de diez años reconocer que nosotros mismos somos pueblos indígenas, con costumbres, con valores, maneras de pensar y maneras de comportarse propias. Aunque cuesta trabajo reconocer lo que uno es y es mayor la vergüenza cuando otros le dicen a uno lo que se es, hoy en día hemos podido superar estas cosas. En la juventud aún se dan estas contradicciones que se presentaban en otros tiempos.
Entonces ese primer trabajo es el de recuperar la identidad, de reconocer que somos pueblos que podemos construir nuestro propio desarrollo, que tenemos una historia, un patrimonio cultural, que podemos forjar una nueva comunidad.
Un segundo punto de trabajo fue el fortalecimiento de la organización interna de las comunidades. No era suficiente reconocerse a sí mismo. Era necesario construir una red al interior de las comunidades. Esto se ha ido construyendo poco a poco.
Todo esto ha servido para potencializar el trabajo de la identidad y esta parte organizativa está direccionada por los cabildos indígenas. La gran mayoría de la comunidad gira alrededor de los cabildos como autoridad.
Una característica central de nuestro trabajo es el método. Hemos organizado un trabajo que parte de tres principios básicos. El primero es que las comunidades tomen conciencia de lo que somos, de lo que queremos y de lo que podemos hacer. Un segundo punto de este método de trabajo ha sido el fortalecimiento de lo político-organizativo. Un tercer punto ha sido la creación de proyectos y programas de desarrollo integral. En estos proyectos de desarrollo integral siempre se ha tenido cuidado de que no sean eminentemente económicos, porque esto genera ambiciones de dinero. Un desarrollo eminentemente cultural generaría un poco de resentimiento. Un desarrollo eminentemente político lo que genera es un pueblo arribista que tampoco sirve para mucho. O sea que hemos sido cuidadosos en conservar un equilibrio. Alrededor de este programa hemos elaborado un plan de trabajo que parte de fortalecer la convivencia entre unos y otros. Esto es complicado porque en nuestras comunidades indígenas hay un gran problema que es la envidia, y esto no nos deja crecer. Junto con la envidia viene el odio y luego la venganza, y esto conduce a que cualquier pueblo o comunidad se destruya. El primer punto del plan de trabajo es fortalecer la convivencia entre las personas. Lo hemos hecho a través de un proceso de educación, de formación y de capacitación. Este es un trabajo arduo y largo.
Un segundo punto en este plan de trabajo es el esfuerzo por la reconstrucción de la unidad y la organización de la comunidad. Al interior de nuestras comunidades los movimientos y partidos políticos son los que más división causan y sobre todo cuando vienen las campañas electorales. Cuando eso termina volvemos a juntarnos los mismos que estamos jodidos. Los movimientos evangélicos también causan división. El uno considera que es mejor salvar el alma y no el cuerpo y el otro dice que es mejor que el cuerpo se salve aunque el alma se chamusque. Alrededor de esto se da una discusión que no conduce a ninguna parte pero que causa profundas divisiones y resentimientos.
¿También han desarrollado proyectos empresariales?
Sí. Hace parte de nuestro plan de trabajo apoyar el desarrollo de proyectos económicos integrales. Hemos desarrollado algunos: hay uno de cultivo de truchas, hay una planta de procesamiento de jugos, hay una planta de procesamiento de lácteos. Son pequeñas microempresas con la intención de crear una cultura productiva, una cultura administrativa, porque este conocimiento no es propio de nosotros; como pueblos indígenas nuestra costumbre es cultivar la tierra y lo que se produzca.
Uno se impresiona con indígenas que tienen toda la paciencia para cultivar con esmero una mata de maíz para comer al final del año, después de diez meses comerán choclo de maíz y en otro espacio cultural la gente no tiene esta paciencia porque se moriría de hambre. Cuando uno entra al mercado tiene que producir todos los días.
¿En la parte ambiental tienen proyectos?
Tenemos una serie de proyectos encaminados a la parte ambiental y es lo que hemos venido haciendo con las comunidades. Ahora el problema es ver cómo confrontamos ese trabajo que hemos forjado en dos o tres décadas con una política de globalización o mundialización de la economía. O cómo lo confrontamos con un tratado de libre comercio. Lo que uno ve es que el trabajo que hemos hecho en las últimas dos décadas tiene que volver a repensarse. Eso no lo habíamos previsto muy bien.
¿Los indígenas le dan mucha importancia a ganar espacios políticos?
En este punto hemos avanzado. Cuando a mí me nombran como alcalde me dan la tarea concreta de ir, aprender y devolverme para retribuirle a la comunidad; no es que aprenda, conozca y váyase porque le dan fuete a uno. Entonces, ocupar estos cargos políticos se hace más una estrategia que un bien en sí mismo, porque cuando se convierte en un fin es cuando la comunidad se resiente y no nos vuelve a admitir. Nos ha servido mucho aprovechar los espacios políticos.
Otro punto es el diálogo con otras fuerzas políticas. El pueblo indígena no puede encerrarse como cultura en sí misma. Tenemos que establecer un diálogo y ha existido un temor de hacerlo. Ese diálogo intercultural no es fácil, como indígenas no nos sentimos preparados.
En su opinión, ¿cuál es la finalidad de la causa indígena en la Colombia del siglo XXI?
Para nosotros es claro que nuestra finalidad es lograr algún día la autonomía, lograr ser pueblos indígenas autónomos. Tenemos que lograr una autonomía territorial en la medida en que podamos hacer ejercicio de gobierno en los 30 millones de hectáreas que ocupamos en todo el territorio nacional. Estas tierras no han sido dádiva del gobierno nacional, han sido luchas, han sido conquistas y han significado muertes de muchas personas, pero no ha sido en vano. Lograr una autonomía económica a través de un modelo alternativo de economía. Y la autonomía territorial, aunque está escrita, hay que aplicarla en la mente de las personas.
En la medida en que podamos, debemos entre todos hacer fuerza para que en Colombia existan regiones autónomas. Estamos trabajando a nivel nacional por la construcción de procesos endógenos en otros lugares. Para eso necesitamos la ayuda de la academia. Podríamos hacer una red común.
Entre el próximo 18 y 19 de junio vamos a juntarnos los alcaldes indígenas para compartir experiencias y evaluarnos los unos a o los otros. A partir de ese encuentro, pretendemos formular una propuesta de administración pública diferente.
Con la consulta del 6 de marzo en los municipios de Toribío, Jambaló, Silvia, Caldono e Inzá quisimos poner a consideración de nuestros pueblos el TLC y lo que significa para las comunidades. Pretendemos sentar un precedente político y decirle al país lo que pensamos, y unirnos con todos los sectores que están por la defensa de la economía nacional.
Esto debe servir de precedente político, como espacio de análisis, reflexión y educación en nuestras comunidades. Uno oye hablar de la mundialización, de la globalización de la economía, de la internacionalización de capitales y estos parecen ser temas de economistas que no atañen a las comunidades rurales y urbanas. Pero esto si tiene serias implicaciones para nosotros. Nosotros tenemos que instruirnos en el tema.
Arquímedes Vitonás, con mucha seguridad, se muestra abierto al diálogo y llama la atención de que hay mucho trabajo en el que otros sectores sociales, los académicos y las universidades pueden ayudarle al movimiento indígena y hacer causa común en grandes asuntos de interés nacional.








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